—Obedeceré porque así me lo mandais, pero al vernos juntos pudieran maliciar.

—Dices bien, ¿sabes que tienes mucho talento para ser negro?

—Dios me lo ha dado así.

—Bien, vete y cuidado.

El negro salió sin replicar.

El Bachiller se dirijió por su parte á la tienda del Zambo en la plaza, y de donde le vimos sacar una espada. Aquella tienda era un cuartejo de pésima apariencia; no tenia sino un pequeño armazon en donde se ostentaban algunas vasijas de barro y algunas reatas por toda mercancía, y una mesa sucia y vieja que hacia el oficio de mostrador.

Martin entró á la tienda, y se dirijió á tomar asiento en una mala cama que habia detrás del aparador. El Zambo lo seguia humildemente.

—Vamos á ver—dijo Martin—¿sabes que alguno de los nuestros, tenga ajustado trabajo para esta noche?

—Solo el ahuizote me ha dicho que esta noche le tenga listas tres espadas buenas y tres dagas.

—¿Y de qué se trata?