A pesar de su valor y sangre fría, el Oidor se puso mas pálido de lo que habitualmente estaba.
—Para que usía no dude,—agregó el Bachiller,—Doña Beatriz le envía esta sortija como seña.
El Oidor tomó la sortija.
—Suya, en efecto es,—dijo—ni cómo dudar de lo que vos dijeseis.
Martin hizo una caravana.
—¿Y no agrega nada mas, mi señora Doña Beatriz?
—Nada, sino que por su amor se guarde usía, que es una cosa que sabe á ciencia cierta.
—Gracias.
—Pues he cumplido mi comision me retiro, que voy á procurar, en esta misma noche, poner en claro quién y cómo atenta contra vuestra señoría.
—Quizá no consigais nada, y sea inútil pues yo me figuro ya, que mano anda en todo esto.