Garatuza no tenia ni profesion, ni ejercicio lucrativo, ni bienes, y sus amistades compuestas de la gente perdida estaban en mala situacion, merced á las constantes persecuciones del marqués de Gelves.

A Villaclara se le oprimió el corazon al mirar á Blanca en aquella casa y en aquel estado, porque aun cuando Teodoro podia haberles dado todo lo necesario, Teodoro estaba preso y sin esperanza de libertad.

Sérvia recibió la noticia de la prision de Teodoro con una resignacion admirable, y convinieron en que Don Cesar buscaria al dia siguiente una casa adonde pudiera irse á vivir ella, acompañando á Doña Blanca.

Don Cesar permaneció cerca de dos horas en aquella casa.

Garatuza habia salido fuera de la ciudad, con objeto de procurarse una entrevista con el Arzobispo, así es que Blanca, Maria, y Sérvia estaban enteramente solas.

Don Cesar se retiró á la media noche y entonces pudo observarse, que el hombre que le habia seguido, permanecia en acecho todavía de él, y que al verlo retirarse tomó precipitadamente el camino de la inquisicion.

Serian las tres de la mañana, cuando un grupo de hombres embozados en negras capas llamaban á las puertas de la casa de Garatuza.

Las mugeres despertaron sobresaltadas.

—¿Han llamado?—Dijo Sérvia.

—Debe ser Martin—contestó Doña Blanca despertad á María, indicándole por señas lo que ella se figuraba.