—Pues no sé—contestó levantándose.

—¿Cómo te llamas?

—Luisa—contestó instintivamente—soy la muger del corregidor Don Melchor Perez de Varais.

Una alegre carcajada del alcalde y de los alguaciles fué la única respuesta.

—Vamos—dijo el alcalde—ó éste negro está loco, ó quiere burlarse de nosotros, le llevaremos á que vuelva en sí á la cárcel, no vayan á decir que no hemos hecho nada en toda la noche.

Luisa creía volverse loca al mirarse tratada así.

De repente miró sus manos y lanzó un grito de espanto.

Estaba negra, completamente negra, se descubrió un brazo. se tentó la cabeza, y no habia duda, alguna cosa horrible la habia pasado; ó estaba soñando ó se habia vuelto loca.

El alcaide que nada comprendia se volvió á los alguaciles y les dijo.

—Lo dicho, este negrillo está loco y furioso á lo que parece, aseguradle antes de que vaya á correr.