—Me parece bien—contestó Don Cárlos—ahora que vaya á acabar de dormir por allá abajo.........
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A la mañana siguiente una ronda que venia ya de retirada percibió con la escasa claridad de la aurora á un hombre acostado en una de las aceras de palacio.
—¿A ver quién es ese?—dijo el alcalde.
Uno de los alguaciles se bajó á examinarle.
—Es un negrito que duerme—contestó.
—Pues muévele—dijo el alcalde—no vaya á ser que esté muerto.
El alguacil movió á aquel hombre que volvió en sí, como atarantado de un sueño penoso y largo.
—¿Qué sucede?—le dijo el alcalde—¿qué haces aquí?