Los que niegan que la inquisicion en México quemara multitud de personas, no tienen sino que ocurrir á los autos de fé que corren impresos por todas partes. Y se procedia con tanta diligencia, que habiéndose fundado la inquisicion en México en 1571, en 1574 se celebró ya el primero y solemne auto de fé, al que se llevaron ochocientos penitenciados de ambos sexos, quemándose unos en efigie y otros en cuerpo; unos vivos y otros despues de ajusticiados.
En los límites de una novela no se puede tratar una cuestion de esta clase; sin embargo, si álguien levantase la voz negando los hechos que referimos, y defendiendo al Tribunal de la inquisicion, documentos irreprochables tenemos para confundirles.
VII.
En donde se prueba que un Arzobispo podia sacar una ánima del Purgatorio, pero no un acusado de la Inquisicion.
POR dar una muestra de simpatía á sus partidarios, y por exaltar mas los ánimos en el pueblo, el Arzobizpo se aprovechó de la noticia de Luisa. Dispuso hacer magníficas exequias al Ahuizote, probando con esto el alto aprecio en que tenia á los que habian tomado parte contra el virey.
El entierro del Ahuizote fué verdaderamente escandaloso.
El cajon en que iba el cadáver fué llevado en hombros hasta el cementerio por los principales amigos del Arzobispo, marcharon tras él las hermandades, las comunidades religiosas, multitud de personajes del clero, y la misma carroza del Arzobispo acompañó aquel duelo.
Cualquiera persona que hubiera llegado aquel dia á México, hubiera creido, cuando menos, que aquel cadáver era el de un obispo.
Con menos pompa se enterraron tambien en sagrado, todos los que murieron en el motin, peleando del lado de los sublevados, pero el Arzobispo negó sepultura eclesiástica á los que habian perecido en la defensa de palacio; y solo alcanzaron sus deudos sepultarles en un cementerio á costa de algunos sacrificios pecuniarios.
El pueblo creyó firmemente que el Arzobispo libraba de culpa y pena en la otra vida, á aquellos de sus partidarios que habian muerto en su defensa, y el prelado celebró una solemne funcion de honras, con la que sacó á todas aquellas ánimas del purgatorio.
Teodoro y Martin no quedaron satisfechos con esto, el santo oficio se habia apoderado de sus mugeres y ellos necesitaban sacarlas de sus garras.