—Está bien, pero en esa junta ocasion tuve de hablar con Don Pedro de Mejía, persona de gran caudal y amigo íntimo y favorito del de Gelves.

—Le conozco—dijo el inquisidor comenzando á interesarse en el relato del licenciado por lo que Luisa le acababa de referir.

—Pues como os iba diciendo, hablé á este Don Pedro, y le advertí sobre una de las cejas, no sé si sobre la izquierda ó la derecha, tres manchas ó lunares negros, que no le habia yo visto nunca; tuve la indiscrecion de preguntarle que cosa era aquello, y me contestó sencillamente que era una pintura; como estaba yo preocupado con la historia de la negrilla, no sé por qué, pero cruzó por mi alma la sospecha de que aquellas manchas tenian algo que ver con esta historia, y variando de conversacion repentinamente, preguntéle si sabia de Luisa la esposa de Don Melchor Perez de Varais. Tal fué la turbacion que noté entonces en su semblante, que mis sospechas se convirtieron en certidumbre, y no lo dudeis, esa señora ha sido víctima de un crímen; si esas manchas no han podido borrarse de la frente de ese hombre, la tinta que las produjo debe ser muy firme, capaz de cambiar el color de una persona en donde quiera que se la aplique, y Luisa puede haber sido de alguna manera privada de sentido y desfigurada de ese modo; y Don Pedro si no ejecutó la operacion debe por lo menos, haberla presenciado. ¿No parecen racionales á su señoría estas inducciones?

—Verdaderamente V. E. me dá en que pensar, porque yo tengo mis razones para pensar que Don Pedro de Mejía, esperaba un momento para vengarse de esa muger.

—Como que fué esta señora una de las personas que mas activa parte ha tomado contra el de Gelves, amigo y protector de Mejía como sabeis.

El inquisidor no contestó, estaba pensativo; por fin, despues de un rato de silencio dijo al licenciado Vergara.

—¿Sabe V. E. que la ocasion de salir de nuestras dudas no puede tardar?

—¿Por qué?

—Don Pedro de Mejía está citado para venir aquí á tratar de negocios relativos á su hermana Blanca que está presa en las cárceles del Santo Oficio.

—¿Y á qué hora?