Entonces se pusieron á esperar. Luisa con aquella alegría propia del que por primera vez hace una accion noble en su vida; Blanca con el temor consiguiente al paso que iba á dar.

Pasaron en espera mucho tiempo, debia ser ya muy noche, cuando se oyeron pasos en el pasillo de la prision. Luisa y Blanca se abrazaron, Luisa se acostó precipitadamente en el lugar que ocupaba Blanca, y ésta quedó en medio del cuarto cubriéndose el rostro.

Los carceleros entraron y sin mas ceremonia, creyendo que era Luisa, dijeron á Blanca:

—Vamos.

Blanca sin hablar echó á caminar tras ellos con la cabeza inclinada.

Luego que hubo salido, el segundo carcelero cerró la puerta del calabozo.

Luisa se estremeció, su sacrificio estaba consumado, se levantó entonces temblando y con las lágrimas en los ojos se puso de rodillas en el suelo.

—¡Dios mio! esclamó: recibe este sacrificio en descargo de mis culpas.

Cuando el corazon siente el arrepentimiento es capaz de todo lo bueno, como lo ha sido de todo lo malo, porque de la pecadora Magdalena á la santa, no hay mas que el paso de la noche á la aurora.

Blanca siguiendo á los carceleros llegó á la puerta de la calle, allí creyó que la pondrian libre, pero se encontró con algunos embozados que traian una silla de manos.