—Aquí está—dijo uno de los que llevaban á Blanca.
—Acercad la silla—contestó uno de los que aguardaban.
Acercaron la silla, y el que habia hablado al último le dijo: entrad.
Blanca sin replicar entró en la silla y se puso en marcha aquella comitiva.
Blanca no comprendia adonde podrian llevarla, pero en todo caso á cualquier parte era mejor con solo salir de la inquisicion.
De repente se detuvieron y penetraron en un edificio grande y sombrío; Blanca creyó que era la misma inquisicion.
Subieron una escalera y llegando á un aposento oyó que sus conductores hablaban con otras personas, luego se dirijieron á ella:
—Bajad—dijo un hombre—y seguidme.
Blanca obedeció, la condujeron por un corredor largo, se detuvieron frente á una pequeña puerta, la abrieron, Blanca entró y la puerta volvió á cerrarse. Blanca se encontró en otro calabozo y en otra cárcel, pero en fin, siquiera ella comprendia que no estaba ya en la inquisicion.
Luisa permaneció despierta gran parte de la noche, y temiendo á cada momento escuchar el ruido de la puerta, y ver entrar á Blanca, descubierto todo el engaño: ya cerca de la madrugada la venció el sueño y se durmió.