Pero el escribano habia salido ya.
—Sí creo que de veras no es esta—dijo el ayudante.
—¿Y qué nos importa? tenemos que ejecutar una ésta noche, si la otra se fué por culpa nuestra es preciso cubrir el espediente, sino, lo menos nos cuesta el destino.
Luisa seguia gritando y forcejando.
—Vamos—dijo el carcelero, al fin esto no tiene ya remedio, conformidad y encomiéndate á Dios.
—Pero esto es una infamia.
—Infamia ó no, no tiene remedio y lo peor es que sino te sosiegas te pongo esposas y grillos, con que ya te digo, resignacion y encomiéndate á Dios.
Luisa vió que nada conseguiria sino que le pusieran esposas, y se tranquilizó, repentinamente pensaba que no era posible que aconteciera semejante cosa. Esperaba que Dios hiciese un milagro con ella, porque olvidaba la cadena de crímenes de su vida, y le parecia imposible que la hiciesen morir en manos de un verdugo.
Los carceleros salieron dejándola mas tranquila.
—Ahora—dijo el carcelero al ayudante, lo que importa para nosotros es que nadie pueda ya hablarla, y que ésta noche solo el verdugo y sus ayudantes entren.........