—Pero señor por Dios que es una gran injusticia, sino soy Doña Blanca ¿tengo yo de sufrir la muerte por ella?
—¿Qué decis?—preguntó al carcelero el escribano.
—Señor, si vais á escuchar sus tonteras no saldremos de aquí jamás.
—Vaya, bien dicho, vámonos.
—Señor, señor, por vuestra vida—decia Luisa asiéndose al escribano, no consintais semejante injusticia.
—Ea dejadme.
—No os dejaré, no por Dios..................
—Apartad á esta muger.
—El carcelero y un ayudante apartaron á Luisa y la retuvieron mientras salió el escribano.
—Señor, señor, gritaba con desesperacion la infeliz, me asesinan, me asesinan injustamente señor, señor, señor.