Toda aquella comitiva murmuraba salmos y oraciones y fué invadiendo el calabozo paulatinamente.

Luisa aterrada de aquello se refugió en uno de los ángulos del cuarto.

XIII.
De lo que arregló Teodoro, y de lo que hizo Martin.

COMO Martin y Teodoro se convencieron de que nada habia de hacer por ellos el Arzobispo, determinaron por sí mismos y á toda costa libertar á sus mugeres.

Teodoro pensó en Santiago, su viejo conocido, el que lo habia introducido en las cárceles para ver á Don José de Abalabide, y se dirigió en su busca.

Santiago vivia aún, y seguia siendo uno de los miembros del secreto.

Teodoro comenzó á conversar con él, indicándole su objeto y ofreciéndole cuanto quisiese.

—Quizá se descubra, ¿y qué me sucederá?

—Pero si yo os prometo que vos no os mezclareis para nada si no solo para aconsejarnos.

—Bien, pero si os pillan, y os dan tormento cantais de seguro.