—¿Y si os damos lo suficiente para huir muy lejos de aquí?

—Aun cuando lograra escapar, siempre la conciencia.......

—Tanto dinero os dariamos que podriais emprender viaje hasta Roma, para pedir el perdon del mismo Papa.

—No, siempre yo no os he de decir nada de que podais echarme la culpa; mirad, yo que estoy en un riesgo y con el Jesus en la boca por falta de seguridad en las prisiones. ¡Dios quiera que pronto se arregle el edificio como debe estar! figuraos que hay una gran atargea que sale debajo del convento de Santo Domingo hasta la calle, y que por allí puede meterse un hombre y salirse cualquier preso.

—¿Y mi muger en dónde está encerrada?

—Precisamente está con la mudita, encima de esa atargea, en el calabozo que queda encima, no mas que no es en el primer piso si no en el segundo.

—Y en el calabozo del primer piso ¿quién está?

—Un caballerito que se llama Don Cesar.

—Y á ese Don Cesar podria yo hablarle ó escribirle.

—En cuanto á eso sí no me pareceria dificil.