Teodoro puso entonces á escape su caballo.

El animal no tenia trazas de aguantar mucho, y su carrera no era ni firme ni ligera.

—Teodoro, déjame aquí—decia Doña Blanca—déjame, sálvate, que ya nos alcanzan.

—No temais señora aun hay esperanzas, repetia el negro. El demonio parecia conducir á los que perseguian á Blanca, porque á cada momento estaban mas y mas cerca, ya se percibia el aliento fatigoso de sus caballos, y se escuchaban perfectamente las voces.

Se habia perdido el camino y Teodoro corria por un sendero angosto y sembrado de árboles que estaba al lado de un barranco profundo.

A lo lejos se descubrió un puente de madera, llegar á ese puente, atravesarlo, y derribarlo despues, era la ilusion de Teodoro, si lo conseguia estaba salvado.

Aguijó al caballo y estaba ya muy cerca del puente cuando el animal tropezando cayó del lado del barranco.

Perseguidos y perseguidores todos lanzaron un grito de espanto; Teodoro lanzado violentamente rodó por aquella pendiente entre los matorrales y las piedras, y se oyó el ruido de su cuerpo al caer en el arroyo que cruzaba por el fondo.

Doña Blanca desprendiéndose de la silla quedó prendida por la falda al tronco de un árbol y suspendida sobre una inmensa profundidad.

Los perseguidores llegaban en este momento al lugar de la desgracia.