XVII.
De como llegó á México en busca de su Luisa Don Melchor Perez de Varais, y de lo que le pasó.
EL propio, enviado por el licenciado Vergara Gaviria, llegó á Metepec y entregó las cartas que llevaba á Don Melchor, que estaba entregado á la mas profunda melancolía.
Don Melchor habia tenido por Luisa una verdadera pasion, y quizá le hubiera afectado menos, que ella le hubiera abandonado, que la aventura que no habia podido esplicarse y de la que él ó Luisa habian sido víctimas.
La llegada del correo le puso como fuera de sí de placer, inmediatamente comenzó á disponerlo todo para regresar á México, é hizo volverse en el acto al correo con una carta en que avisaba al licenciado Vergara que pronto se ponia en marcha para la Capital, y que tratase á Luisa con cuantas consideraciones pudiese no escaseando gastos de ninguna especie: la carta debia llegar á México tres dias antes que Don Melchor.
El licenciado Vergara recibió esa carta, y sin pérdida de tiempo se dirijió en busca del inquisidor.
Don Juan Gutierrez Flores estaba frenético, hacia muchos años que no se oía decir de una fuga en las cárceles del Santo Oficio, y en aquellos dias, sin que pudiese culparse á nadie, se habian fugado Don Cesar, María y Sérvia, y Doña Blanca habia sido arrebatada en esa mañana misma á los alguaciles.
Su señoría estaba temible en aquellos momentos.
La visita de Don Pedro Vergara con las noticias que traía no podia ser mas inoportuna.
El inquisidor fingió una amabilidad tan repugnante, como seria la sonrisa de un tigre, y Don Pedro nada conoció.
—Acabo de recibir—dijo—noticias de Metepec.