—¿Y qué sabe S. E. de nuevo?—contestó el inquisidor.

—Nada mas, si no que Don Melchor Perez de Varais me anuncia su próxima llegada á esta Capital.

—Paréceme eso de poca importancia.

—Creo al contrario de su señoría, que es de mucha y muy grave.

—Permítame V. E. que no comprenda............

—Don Melchor viene en pos de Luisa. ¿Y qué podrá decírsele?

—No sé qué derechos pueda alegar para interesarse por ella supuesto que sabemos que no era su esposa, si no de Don Pedro de Mejía.

—Con derechos ó sin ellos, lo cierto es que como creía yo que me habia sido remitida, le escribí lo acontecido, y puede ahora interesarse por ella.

—No tiene derecho alguno, y así se le puede contestar.

—Lo cual no nos salvará de un gran escándalo, que á mi juicio tanto cede en mengua mia como de la justicia del Santo Tribunal, que ejecuta á un reo por otro.