Volvió á agitarse el agua y otra burbuja apareció.
—Dos—dijo Martin.
Las burbujas continuaban brotando.
—Tres, cuatro, cinco.
—Cinco—repitió el Bachiller, mirando con ansiedad que no salia otra,—cinco.
El agua parecia querer hervir, arrojó una especie de humo y repentinamente se puso roja como si hubiera sido de sangre.
—¡Jesus!—dijo Martin apartando el rostro espantado.
—Cinco meses de vida, y morir de mala muerte—dijo con solemnidad la Sarmiento.
—Es imposible—dijo Martin—os habeis equivocado.
—Lo desearia, porque tanto veo que os apena, pero temo que no.