—La verdad......... sí señor.........
—Bien, ¿y cómo sabíais que estaba yo en el Arzobispado hoy en la noche?
—Uno de los hombres que me acompañaban se apostó en la acera de enfrente hasta ver entrar á usía, y entonces me dió aviso.
—¿Y despues?
—Despues venimos á ocultarnos entre el material de la nueva iglesia, hasta que usía pasó.
—¿Y luego?
—Ya eso lo sabe usía; al quererlo atacar, de entre nosotros mismos salió un hombre á quien no habíamos visto, y ya no sé mas, sino que sentí un golpe terrible en la cabeza y perdí el sentido.
—¿Conoceis á ese hombre?
—No señor.
—Bien, quedaos aquí esta noche, y mañana temprano regresad á la casa de vuestro amo y llevadle esta carta; nada teneis ya que temer, os perdono el mal que habeis intentado contra mí.