El oidor escribió una carta á Don Pedro, que decía así:
—«Os devuelvo á vuestro mayordomo, cuidad de emplear para otra vez hombres mas útiles. Os besa la mano
Fernando de Quesada.»
Tirol besó la mano del Oidor, y recibió la carta que se guardó en el pecho.
—Señor Bachiller—dijo por lo bajo Don Fernando á Martin—hacedme la gracia de que dén habitación á este hombre para que pase la noche, mañana temprano que se vaya para su casa, y traedme á Teodoro sin que se miren ambos.
El Bachiller volvió á salir seguido de Tirol.
El Oidor abrió un armario y sacó de él una bolsa grande de seda que figuraba una piña amarilla con hojas verdes en el cuello, y largos cordones para cerrarla que remataban en pequeñas piñitas formadas de cuentas de vidrio de colores.
Colocó la bolsa sobre la mesa y volvió á sentarse.
Teodoro conducido por el Bachiller entró al aposento.
—Me envía á llamar su señoría—dijo Teodoro cruzando sobre el pecho sus brazos y haciendo una profunda reverencia.