—Mi ama sabe tambien que seria jo libre si quisiese, y que jamas lo seré.
—Dígale usía que nos cuente, que nos esplique todo eso.
—No, señor Bachiller, mucho le debo á Teodoro para obligarlo á que me descubra sus secretos, por mas que me anime el deseo y la curiosidad de conocerlos, principalmente por la parte que en ellos tenga Doña Beatriz.
—No serán secretos para su señoría—dijo el negro—que me basta que su señoría sea quien es, y tan alto lugar tenga en el corazón de mi ama, para que yo le confiara lo que guardo en mi seno, tanto mas que fío en su discreción como en la de mi confesor. ¿Quisiera su señoría conocer mi historia?
—Te confieso que me seria muy satisfactorio.
—Larga es.
—No importa, te permito que te sientes.
El negro se sentó humildemente en el suelo y á los piés de Don Fernando.
—¿Y yo?—preguntó Martin.
—¿Tienes inconveniente en que escuche Don Martin?