—«Traidora—la dije:—¿conque así me engañabas?
«Luisa se desprendió de mí, furiosa como una leona.
—«¿Y qué derecho tienes para reconvenirme?—me dijo.—¿Eres mi amo? ¿Eres ya mi marido?
—«¡Infame! ¿Y tú no me habias dicho que me querias?
—«Te queria, pero ya no te quiero, y no quiero ser esclava: un hombre libre me ama, me va á comprar y á darme mi libertad para que yo sea suya, y tú no harás esto por mí, y tú me dejarás esclava, y mis hijos serán esclavos, y yo no quiero que mis hijos sean tambien esclavos como mis padres.
«En el fondo Luisa tenia razon.
—«¿Pero nunca me has amado, Luisa?
—«Sí, te he amado; pero me tiene cuenta amar ahora al que me da mi libertad: ¿me la puedes dar tú, seré tuya; te seguiré amando; puedes?
«Comprendí toda la fuerza de lo que me decia Luisa, y casi llorando contesté:
—«No.