—«Yo quiero ser libre y rica: yo no me dejo besar de un cobarde.
«Una noche me agitaba inquieto en mi cama, sin poder dormir, sin olvidar un momento á Luisa, cuando sentí el roce de un vestido en la puerta y una escasa claridad alumbró la trastienda en que dormia: me senté creyendo que soñaba y me es tremecí: era Luisa, Luisa que se acercaba con un pequeño candil en la mano, media desnuda, cubierto apenas su hermosísimo seno con una manta que á cada movimiento de sus brazos caia, y que ella volvia á levantar.
«Su negro y rizado pelo se derramaba sobre sus hombros desnudos: brillaban sus ojos con un fuego desacostumbrado.
«Llegó hasta mi lecho y se sentó tomando una de mis manos.
—«Teodoro—me dijo—¿es verdad que me amas?
—«Sí,—le contesté,—te amo tanto, que estoy sintiendo cada dia que mi razon se va; que me vuelvo loco.
—«Pues entonces ¿por qué no quieres la felicidad que te ofrezco?
—«Luisa, porque es un crímen horrible lo que me propones.
—«No te parezco bastante hermosa para obtenerme por ese precio—dijo descubriéndose su seno.
«Atraje su cabeza y nuestras bocas se unieron, los labios de Luisa me abrasaron, pasé mi mano por la piel suave y aterciopelada de su pecho, sentí un vértigo, y abrazé su delgado talle.