—«Teodoro—me dijo retirándose—no seré tuya mientras no seamos libres y ricos: vírgen me encontrarás, y ésta será tu recompensa.

—«Haré lo que me mandes—contesté, comenzando á vestirme precipitadamente.

—«Así te quiero, así, Teodoro: valiente, decidido—y se acercó á mí y puso en mis labios el beso mas lascivo que pudo haber nunca inventado el amor, y el deseo de una muger de la raza negra.

«Estaba yo vestido.

—«Busca una arma—me dijo—Don José duerme, es apenas media noche; cuando amanezca estaremos muy lejos.

—«¿Y tu madre?—le pregunté decidido ya á todo.

—«Nos seguirá á nosotros, ó á Don José, me contestó. «Quedé horrorizado, y dudé.

—«¿Vacilas, amor mió?—me preguntó abrazándome, y poniendo uno de sus pies desnudos sobre uno de los míos, desnudo también.

«Al sentir aquel pié, aquellos brazos, aquel pecho que despedían fuego, volví á encenderme, besé á Luisa y busqué en la tienda una arma para consumar el crímen.

«Luisa me tomó de una mano y me condujo para el aposento de mi amo.