—¿Y qué queréis de mí, señora?
—Yo de vos, nada; vuestra amante, mucho.
—¡Cielos!, ¿dónde está?... ¡decídmelo pronto, señora!
—¿Dónde está?... Seguidme y lo sabréis.
La desconocida dio algunos pasos, y separando una porción de malezas y yerbas que se hallaban amontonadas, desapareció por un agujero practicado en la tierra.
Don Juan la siguió al instante.
CAPÍTULO XV.
En el que hay una escena que a unos gustará y a otros no.