D.ª Sol.—Esta serenata, la has dispuesto tú ¿verdad?

Hernani.—Tú lo has dicho.

D.ª Sol.—¡Qué baile tan fastidioso! ¡Oh! ¡Cuánto le prefiero el toque de una bocina en el fondo de los bosques! Y más siendo la tuya... es como tu voz.

(Óyese otra vez el mismo són.)

Hernani (Aparte.)—¡Ah! El tigre aúlla y reclama su presa.

D.ª Sol.—Don Juan, ese sonido llena de alegría el corazón.

Hernani.—¡Llámame Hernani; llámame Hernani! ¡Aún me persigue ese nombre fatal!

D.ª Sol (Temblando.)—¿Qué tienes?

Hernani.—¡El viejo!

D.ª Sol.—¡Dios mío! Me espanta tu mirada. ¿Qué tienes?