Hernani.—¡Ah caprichosa! Ahora mismo huías de la luz y de los cantos.

D.ª Sol.—Del baile. Pero un pájaro que cantara en el campo, un ruiseñor perdido en las sombras, allá en una enramada, ó alguna flauta á lo lejos... La música es dulce, desliza en el alma armonía y amor... despierta mil voces que resuenan en el alma. ¡Oh! Sería delicioso.

(Óyese el són lejano de un cuerno.)

Hernani.—¡Ah!

D.ª Sol.—¡Mi deseo fué oído!

Hernani (Aparte; estremeciéndose.)—¡Desdichada!

D.ª Sol.—Un ángel me ha oído; sin duda tu ángel bueno.

Hernani.—Sí, mi ángel bueno. (Con amargura.—Aparte.) ¡Todavía!

D.ª Sol.—Don Juan, he reconocido el són de esa bocina.

Hernani.—¿Sí?