D.ª Sol.—¿Necesitas algo? ¿Qué traigo? Ordéname.
(Vuelve á sonar el cuerno.)
Hernani (Aparte.)—No desiste... ¡mi juramento! (Buscándose el puñal.) Nada. ¡Ah!
D.ª Sol.—¿Te sientes peor? ¿Qué tienes?
Hernani.—Una... una herida antigua, que parecía cerrada y se renueva. (Aparte.) Alejémosla de aquí. (Alto.) Sol de mi vida, escucha: aquella cajita, que en días menos felices llevaba yo conmigo...
D.ª Sol.—Ya sé. ¿Qué quieres que haga?
Hernani.—En ella encontrarás un pomo de elixir, que podrá poner término al mal que preveo. Vé y tráemelo.
(Sale doña Sol por la puerta de la cámara nupcial.)
ESCENA IV
HERNANI, solo