Hernani.—No lo sé.

D.ª Sol.—Tendrás frío.

Hernani.—No.

D.ª Sol.—Quítate la capa.

Hernani.—Sol de mi vida, dime, cuando inocente y pura reposas por la noche, y plácido y tranquilo entorna tus ojos el sueño entreabriendo la rosa de tus labios, ¿no te dice un ángel, alma mía, cuán dulce es tu amor para el infeliz á quien todos abandonan y rechazan?

D.ª Sol.—¡Ah!... ¡Cuánto has tardado! Dime ¿tienes frío?

Hernani.—¿Á tu lado? ¡Ah! Cuando el amor celoso hierve en nuestras cabezas, cuando hierven en el corazón mil tempestades, ¿qué importa lo que una nube del aire puede arrojar á nuestro paso?

D.ª Sol.—Dame, dame la capa y la espada.

Hernani (Llevando la mano al pomo.)—No; es la otra amiga mía, inocente y fiel también. Sol de mis ojos, ¿está ausente tu tío, y futuro esposo?

D.ª Sol.—Sí, esta hora nos pertenece.