El Rey.—Y lo más curioso es que por la noche entra en la casa un hombre misterioso, muy arrebujado en su capa, tan negra como las sombras.
La Tour.—¡Bah! Pues haced vos lo mismo.
El Rey.—¡Oh! La casa está muy bien cerrada para el prójimo.
La Tour.—Pero, cuando seguís á la dama ¿no hace seña alguna?
El Rey.—Sin presunción, comprendo por ciertas miradas que no le inspiro odio.
La Tour.—¿Sabe que la ama el rey?
El Rey.—No... voy disfrazado con una ropilla gris.
La Tour (riendo).—Estoy viendo que á la postre saldremos con que amáis con amor purísimo á alguna augusta Antonia, ama de cura.
(Entran Triboulet y muchos señores.)
El Rey (á La Tour).—Silencio, que vienen. En amor hay que saber callar para conseguir. (Á Triboulet que se acerca y oye estas últimas palabras.) ¿No es verdad?