Marot.—Está acorazado. ¿Por dónde lo heriríamos?
Pienne.—Bien lo sé yo. Todos tenemos con él algún resentimiento y podemos vengarnos todos. Esta tarde, entre dos luces, acudid bien armados al callejón sin salida de Buci, junto al palacio de Cossé. Ni una palabra más de esto.
Marot.—Ya caigo.
Pienne.—¿Estamos de acuerdo?
Todos.—Sí.
Pienne.—Que vienen. ¡Silencio!
(Vuelven Triboulet y el rey rodeado de damas.)
Triboulet (solo y aparte).—¿Á quién haré ahora una mala jugada? ¿Al rey?... ¡Pardiez!
Un hujier (Entrando. Bajo á Triboulet.)—El señor de Saint-Vallier, un anciano vestido todo de negro, quiere ver al rey.
Triboulet.—¡Pardiez! Dejadnos ver al señor de Saint-Vallier. (Sale el hujier.) ¡Á mi gusto! Pero va á dar un escándalo espantoso.