Gordes.—¡Disimulo!
Marot.—Yo soy el único á quien puede reconocer, pues sólo habló conmigo.
Pienne.—No nos demos por entendidos.
(Entra Triboulet. Nada ha cambiado en él. Trae su traje y su indiferencia de bufón; sólo que está muy pálido.)
Pienne (como continuando una conversación y haciendo una seña á los otros, que apenas pueden reprimir la risa).—Sí, señores, entonces... ¡Hola! ¡Triboulet! Buenos días... entonces sacaron esta copla:
(Cantando.)
Cuando Borbón fué á Marsella
dicen que dijo á su séquito:
¿Qué capitán, Dios bendito,
encontraremos ahí dentro?