Triboulet (con voz de trueno).—¡Ella, ella está aquí! ¡Está con el rey!
(Asombro general.)
Gordes.—¿Qué quiere decir eso? ¡Ella! Sin duda delira.
Triboulet.—Bien sabéis todos de qué hablo. La mujer que todos vosotros, Cossé, Pienne, Brion, Montmorency, Marot, Satanás; la mujer que anoche robasteis de mi casa, está aquí, y la recobraré.
Pienne (riendo).—¡Triboulet ha perdido á su manceba! Hermosa ó fea, que la busque en otra parte.
Triboulet (con espantoso enojo).—¡Quiero á mi hija!
Todos.—¡Su hija!
(Movimiento de sorpresa.)
Triboulet (cruzando los brazos).—Mi hija. Reíd ahora... ¡Ah! Os habéis quedado mudos. ¿Tenéis por cosa extraña que este bufón sea padre y que tenga una hija? Pues ¿no tienen también su familia los lobos y los señores? ¡Ea, basta de burlas! Quiero á mi hija. (Los cortesanos cuchichean entre sí.) Repito, señores, que quiero á mi hija. (Corriendo á la puerta del rey.) Aquí está.
(Todos los cortesanos corren tras él y se interponen.)