Pienne.—Jamás se ha visto un loco como éste.

Gordes (haciéndole una seña para que se retire).—Con los locos y los niños, hay que ceder algo. Estemos, sin embargo, á la mira, por lo que pueda suceder.

(Salen.)

Triboulet (sentándose en la silla del rey y levantando á su hija.) Ea, habla pues. Dímelo todo. (Vuélvese y viendo á Mr. Cossé rezagado, se levanta y le dice indicándole la puerta.) ¿No habéis oído, caballero?

Cossé (retirándose subyugado).—Estos bufones reales creen que todo les es permitido.

ESCENA IV

BLANCA, TRIBOULET

Triboulet (con gravedad).—Habla ahora.

Blanca (entre sollozos).—Padre mío... tengo que deciros que ayer... se deslizó en casa... ¡Qué vergüenza!... Hace mucho tiempo—yo debía habéroslo dicho antes—hace mucho tiempo que me seguía... No... debo empezar por el principio... Ese joven...

Triboulet.—Sí, el rey.