Blanca.—Me afligís, padre mío.
Triboulet.—¿Se indignaría tu blando corazón, si supieras que te engaña el libertino?
Blanca.—¡Engañarme! No, no lo creo.
Triboulet.—Y si lo vieras por tus ojos; si te convencieras de que no te ama, ¿le amarías aún?
Blanca.—No sé... Ayer mismo me dijo que me adora.
Triboulet (con amargura).—¿Te dijo ayer?... ¿Á qué hora?
Blanca.—Por la noche.
Triboulet.—Pues bien, mira y ve, si puedes ver.
(Indícale una grieta de la pared, y Blanca atisba por ella.)
Blanca (bajo).—No veo más que un hombre.