D. Ruy.—Perdonad, señor. Las apariencias...
D. Carlos.—Bien, duque, te hice gobernador del castillo de Figueras; pero ¿á quién debo hacer ahora tu gobernador?
D. Ruy.—Señor, perdonad.
D. Carlos.—Basta: no hablemos más de esto. Pues, como decía, el emperador ha muerto.
D. Ruy.—¡Ha muerto vuestro augusto abuelo!
D. Carlos.—Ya me ves, duque, poseído de tristeza.
D. Ruy.—¿Y quién ha de sucederle?
D. Carlos.—Un duque de Sajonia está en la lista, y Francisco primero de Francia es otro de los pretendientes.
D. Ruy.—¿Dónde van á reunirse los electores del imperio?
D. Carlos.—Han elegido, según creo, Aquisgrán... ó Spira... ó Francfort.