Guanhumara.—Muy alegres están los príncipes. Todavía dura el festín. (Mirando á la otra parte del teatro.) Los cautivos trabajan bajo el látigo desde el alba. Allá el ruido de la orgía; acá el ruido de los hierros. (Mirando hacia la puerta de la derecha.) Allí, el padre y el abuelo, pensativos y cargados de años, buscando la sombría huella de todo lo que han hecho, meditando en su vida y en su raza, contemplando á solas y lejos de las triunfantes risas, sus maldades aún menos horribles que sus hijos. En su prosperidad hasta hoy completa, ¡cuán grandes son! Los marqueses de las fronteras, los condes soberanos, los duques, hijos de los reyes godos, se inclinan ante ellos como si fueran iguales. El burgo, henchido de tocatas, canciones y gritería, se alza inaccesible hasta las nubes. Miles de soldados, bandidos de fulgurantes ojos, vigilan por todas partes con el arco en una mano, la lanza en otra y la espada entre los dientes. Todo protege y defiende este antro aborrecible. Sola, en un desierto rincón de este formidable castillo, vieja, desconocida, débil, con la cadena al pié y el collar á la garganta, desarrapada y triste, se arrastra la pobre esclava... Pero ¡oh príncipes, temblad! ¡Esta esclava es el odio!

(Retírase al fondo y sube las gradas de la galería. Entra por la derecha una cuadrilla de esclavos encadenados trayendo en la mano las herramientas del trabajo. Apoyada en un pilar Guanhumara, los mira pensativa. Por los vestidos sucios y desgarrados de los cautivos se infieren aún sus antiguas profesiones.)

ESCENA II

LOS ESCLAVOS

(Kunz, Teudon, Haquin, Gondicario, burgueses y mercaderes, con barbas canosas; Josio, veterano; Herman, Cinulfo, Carlos, estudiantes de la Universidad de Bolonia y de la escuela de Maguncia; Swan (ó Suenon) negociante de Lubeck. Los cautivos se adelantan en grupos, separados por clases, quedando solo el soldado. Los viejos, abrumados de fatiga y de dolor. Durante esta escena y las dos siguientes, continúan á intervalos los cantos de la sala inmediata.)

Teudon (dejando su herramienta y sentándose en una grada).—Por fin llega la hora del descanso. ¡Oh! ¡Cuán fatigado estoy!

Kunz.—¡Ah! Yo era libre y rico y ahora...

(Agitando su cadena.)

Gondicario (apoyado en un pilar).—¡Ah!