Cinulfo (Mirando á Guanhumara que cruza la galería.)—Quisiera que alguien me dijese á quién espía esta buena mujer.

Swan (bajo á Cinulfo).—Hace algún tiempo fué apresada con unos mercaderes de San Galo por la gente del burgo. No sé nada más.

Cinulfo.—Me es indiferente. Pero mientras á nosotros se nos sujeta, á ella la dejan andar libre.

Swan.—Ha curado de una fiebre maligna á Hatto, el mayor de los nietos.

Haquin.—Al burgrave Rollon le mordió el otro día una sierpe en el pié y ella también le curó.

Cinulfo.—¿De veras?

Haquin.—Tengo para mí que es una hechicera.

Herman.—¡Cá!... Una loca.

Swan.—La verdad es que posee mil secretos, y no sólo ha curado á Rollon y Hatto, sino también á Elio, Knud y Azzo, los leprosos de que huía todo el mundo.

Teudon.—Algo muy grave maquina esa mujer. Yo estoy, no lo dudéis, en que trae algún negro proyecto entre cejas, de acuerdo con los tres leprosos, que le son muy afectos. En todos los rincones se les encuentra juntos, como tres perros que siguieran á una loba.