Josio.—En vano acudieron los mejores: sesenta y tres soldados y dos condes perecieron en la inútil empresa.

Carlos.—Eso no prueba que su cetro no esté en el Valle de Malpas.

Swan.—La fábula es un campo sin límites. Hay quien dice que, salvado milagrosamente, se había hecho eremita y que vivía aún.

Gondicario.—¡Pluguiera á Dios que así fuera, y que viniera á libertar á Alemania antes de 1220, año fatal en que, según se dice, ha de caer el imperio!

Swan.—Ya por todas partes espira nuestro valor.

Haquin.—¡Oh! Si Federico viviera, emprendería otra vez la guerra contra los burgraves, para sacarnos de aquí á sus leales súbditos.

Kunz.—¡Bah! El mundo entero padece tanto como nosotros, pobres esclavos. Alemania no tiene cabeza ni freno Europa.

Haquin.—No hay pan.

Gondicario.—Por todas partes se ve, á orillas del Rhin, el negro hormiguero de los bandidos que renacen.

Kunz.—Los electores se mantienen de malos manejos.