ESCENA III
OTBERTO, REGINA; á intervalos EDUVIGIS
Otberto.—Apoyaos en mí. Andad despacio... despacio. Sentaos en esta poltrona. (Siéntase.) ¿Cómo os sentís?
Regina.—Mal... Me estremezco... siento frío... Ese banquete me ha empeorado. (Á Eduvigis.) Mirad si viene alguien.
(Sale la nodriza.)
Otberto.—No temáis nada: van á beber hasta mañana. ¿Por qué habéis ido á ese festín?
Regina.—Hatto...
Otberto.—¡Hatto!
Regina.—Más bajo. Hubiera podido obligarme; soy su prometida.
Otberto.—Debiérais haberos quejado al viejo señor: Hatto le teme.