Herman.—¡Quimera!
Teudon.—¡La gruta del Malpas!
Herman.—Un cuento de vieja.
Carlos.—Sfrondati nos da ya alguna luz.
Herman.—¡Bah! Cuentos de su mente febril, por donde pasan las visiones como nubes.
(Entra un soldado con el látigo en la mano.)
Soldado.—¡Esclavos, al trabajo! Los convidados quieren venir esta noche á ver esta ala del edificio, y el señor Hatto, nuestro amo, ha de acompañarlos. ¡Haced que no os encuentre aquí arrastrando la cadena!
(Los presos recogen sus herramientas y salen en silencio por parejas. Guanhumara reaparece en la galería alta y los sigue con la vista. Luégo que salen los presos, entran por la puerta grande Regina, Eduvigis y Otberto; Regina, vestida de blanco; Eduvigis, la nodriza, vieja, en traje negro; Otberto, vestido de capitán aventurero. Regina, joven, pálida, pudiendo apenas sostenerse, como enferma de mucho tiempo atrás. Se apoya en el brazo de Otberto, quien la mira con amor y angustia. Eduvigis la sigue. Guanhumara, sin ser vista, les observa y escucha algunos instantes y sale luégo por la parte opuesta.)