(Los soldados se llevan á los barones, excepto Job, que permanece en la escena á una seña del emperador. Cuando quedan solos, Federico se acerca á Job y le quita la cadena. El anciano observa con estupor. Silencio pavoroso.)

El emperador (mirándole á la cara).—¡Fosco!

Job (estremeciéndose).—¡Cielos!

El emperador (con el dedo sobre los labios en expresión de reserva).—¡Silencio!

Job (aparte).—¡Tengo miedo!

El emperador.—Vé á esperarme hoy donde vas todas las noches.

PARTE TERCERA