Job (con espanto).—¡Es singular! Han hablado, no hay duda. Pues bien. ¡Sombra! ¡Fantasma! ¡Yo te imploro! ¡Hiéreme! Quiero morir antes que oir otra vez cómo me llama el eco horrible de este oscuro subterráneo, cada vez que nombro á Fosco.
La voz.—¡Caín! ¡Caín! ¡Caín!
Job.—¡Gran Dios! Me flaquean las rodillas... estoy soñando. El dolor, trocándose en locura, acaba por embriagar como vino del infierno. Oigo dentro de mí la amarga risa del remordimiento. Sí... ¡sueño pavoroso que me sigue y abruma y más y más horrendo en este seno de tinieblas! ¡Oh voz que sales del sepulcro! ¡Aquí estoy, pues! ¿Á qué pregunta debo contestar? ¿Qué explicación quieres? Habla: yo contestaré.
(Una mujer velada y vestida de negro sale por detrás del pilar de la izquierda y aparece en el fondo con una lámpara en la mano.)
ESCENA II
JOB, GUANHUMARA
Guanhumara.—¿Qué has hecho de tu hermano?
Job.—¿Quién es esta mujer?
Guanhumara.—Una esclava allá arriba; una reina aquí. Conde, á cada cual le llega su vez. Sabes que este burgo es doble y sus colosales torres tienen más de una caverna por debajo de sus cuadras; todo lo que el sol alumbra está bajo tu ley; todo lo que llenan las tinieblas es mío. (Acercándose.) Me perteneces pues, y no puedes sustraerte á mi tenebroso poder.
Job.—¿Quién eres?