Gritos confusos (fuera).—¡Muera el bandido!
Hernani (Al montañés.)—Tu espada. (Á Sol.) Adiós, pues.
D.ª Sol.—¡Yo causé tu perdición! ¿Adónde vas? (Indicándole la puerta pequeña.) Ven, huyamos por esta puerta.
D.ª Sol.—Ven, huyamos...
Hernani.—¿Qué dices? ¡Abandonar á mis amigos!
(Tumulto.)
D.ª Sol.—¡Esos clamores me espantan! (Reteniendo á Hernani.) No olvides que si tú mueres, muero yo.
Hernani (Teniéndola abrazada.)—Un beso...
D.ª Sol.—¡Hernani, esposo mío, dueño mío!