D. Ricardo.—Después Guzmán de Lara, descontento, porque desea el collar de vuestra orden.

D. Carlos.—¡Oh! Si sólo se trata de un collar... lo tendrá.

D. Ricardo.—El duque de Lutzelburgo. En cuanto á los designios que se le suponen...

D. Carlos.—¡Gran cabeza!

D. Ricardo.—Juan de Haro, que quiere á Astorga.

D. Carlos.—Esos Haros han dado siempre mucho que hacer al verdugo.

D. Ricardo.—No hay más.

D. Carlos.—No están todos, conde. No has citado más que siete y son más, según mi cuenta.

D. Ricardo.—No miento á algunos bandidos pagados por Tréveris y Francia.

D. Carlos.—Hombres sin escrúpulos, cuyo puñal se inclina siempre al oro, como la aguja al polo.