D. Ruy Gómez (Aparta á Hernani.)—¡Oh! Cédeme la suerte.
Hernani.—No por mi vida. ¡Oh! no me envidiéis mi buena fortuna; es la primera vez que me halaga.
D. Ruy.—Tú no tienes nada. Pues bien, feudos, castillos, vasallaje, cien mil siervos en mis trescientas villas, todo lo que tengo te doy por este golpe.
Hernani.—No.
El duque de Gotha.—Tu brazo no daría un golpe tan fuerte, anciano.
D. Ruy.—¡Bah! Si el brazo me faltara, me sobraría alma. Por la herrumbre de la vaina no se ha de juzgar la hoja. (Á Hernani.) Recuerda que me perteneces.
Hernani.—Mi vida es vuestra; la suya es mía.
D. Ruy.—Te daré la mano de ella y te devolveré esta prenda.
(La bocina.)
Hernani (Vacilando.)—¡Pardiez! ¡Doña Sol y la vida!... No, no; antes mi venganza. En esto voy de acuerdo con el mismo Dios. Tengo que vengar á mi padre... y acaso algo más.