Gilberto.—¿Quién es ese Fabiano Fabiani?
Joshua.—Es el amante de la reina, un favorito muy célebre y encantador, un favorito que tarda menos en hacer cortar la cabeza á un hombre, cuando le desagrada, que un burgomaestre flamenco en comerse una cucharada de sopa; es el mejor favorito que el verdugo de la Torre de Londres ha tenido hace diez años, pues ya sabes que el ejecutor recibe por cada cabeza de noble diez escudos de plata, y á veces cuarenta, si la cabeza es de importancia. Se desea mucho la caída de ese Fabiani, aunque á decir verdad, en mis funciones de carcelero sólo oigo hablar de él á los descontentos, á hombres á quienes se ha de cortar la cabeza dentro de un mes.
Gilberto.—¡Devórense los lobos entre sí! ¿Qué nos importan á nosotros la reina y su favorito? ¿No es verdad, Juana?
Joshua.—¡Oh! se está fraguando una tremenda conspiración contra Fabiani, y no tendrá poca suerte si sale bien de ella. No extrañaría que se intentase algún golpe esta noche, pues acabo de ver á maese Simón Renard rondando por ahí y muy meditabundo.
Gilberto.—¿Quién es ese Simón Renard?
Joshua.—¡Cómo! ¿no lo sabes? Es el brazo derecho del emperador en Londres. La reina debe casarse con el príncipe de España, cuyo representante es Simón Renard; la soberana le odia, pero le teme, y nada puede contra él. Ha destronado ya dos ó tres favoritos, pues su instinto le induce á dar en tierra con todos, y por esto hace una limpia en palacio de vez en cuando. Simón Renard es hombre muy sagaz y malicioso, que sabe cuanto pasa, y que socava siempre las intrigas subterráneas en todos los acontecimientos. En cuanto á lord Paget... ¿no me has preguntado también quién era? Pues te diré que es un caballero muy audaz, que ha entendido en los negocios en tiempo de Enrique VIII; es individuo del Consejo secreto, y tiene tal ascendiente, que los demás ministros no osan decir palabra delante de él, exceptuando, no obstante, el canciller, milord Gardiner, que le aborrece. Este lord Gardiner tiene un carácter muy violento, pero es de muy buena cuna; mientras que Paget tuvo por padre á un zapatero. Paget obtendrá muy pronto el título de barón de Beaudesert en Stafford.
Gilberto.—¡Qué enterado está Joshua de todas estas cosas!
Joshua.—¡Pardiez! de algo sirve oir hablar á los prisioneros de Estado. (Simón Renard aparece en el fondo del teatro.) Te aseguro, Gilberto, que el hombre que mejor sabe la historia de estos tiempos es el carcelero de la Torre de Londres.
Simón Renard (que ha oído las últimas palabras).—Os engañáis, maese, es el verdugo.
Joshua (en voz baja á Juana y á Gilberto).—Retirémonos un poco. (Simón Renard se aleja lentamente, desapareciendo después.) Ahí tenéis á Simón Renard.