Gilberto.—¿Me desafías?

Fabiani.—Sí.

Gilberto.—¡Ya nos veremos!

Fabiani (aparte).—Es preciso que el sol de mañana no salga para ese hombre. (En voz alta.) Créeme, amigo mío, entra en tu casa. Siento mucho que hayas descubierto lo que acabas de averiguar; pero te dejo la dama. Mi intención no era ir más lejos en estos amoríos. ¡Vamos, véte á dormir! (Arroja una llave á los pies de Gilberto.) Si no tienes llave, toma esa, ó si lo prefieres, da tres golpes en la ventana; la muchacha creerá que soy yo, y te abrirá. Buenas noches.

(Vase.)

ESCENA VIII

GILBERTO, solo

¡Se ha marchado, sin que pudiese despedazarle entre mis manos! ¡Ha sido forzoso dejarle escapar! ¡No tengo arma ninguna! (Ve en tierra el puñal con que lord Clanbrassil ha dado muerte al judío, y recoge el arma con precipitación.) ¡Ah, llegas demasiado tarde! Ya no podría servir sino para mí; pero es igual; bien hayas caído del cielo ó vengas del infierno, yo te bendigo. ¡Oh! Juana me ha vendido; Juana se ha entregado á ese infame; ¡Juana es la heredera de lord Talbot; Juana está perdida para mí! ¡Oh Dios mío! ¡he aquí en una hora desgracias demasiado dolorosas para que yo las resista! (Simón Renard aparece en la oscuridad, en el fondo del teatro.) ¡Oh, vengarme de ese hombre, vengarme de ese lord Clanbrassil! Si voy al palacio de la reina, los lacayos me arrojarán á puntapiés como si fuese un perro. ¡Estoy loco, mi cabeza arde! ¡Me es igual morir, mas antes quisiera vengarme, y para conseguirlo daría hasta mi sangre! ¿No hay nadie en el mundo que quiera hacer este pacto conmigo? ¿Quién se ofrece á vengarme de lord Clanbrassil, tomando en cambio mi vida?

ESCENA IX

GILBERTO, SIMÓN RENARD