Claudio Frollo (aparte).—¡Tiembla, muchacha! Los celos me devoran.

(Trata de aproximarse á Esmeralda, que se aparta de él casi con espanto. Entra la procesión del papa de los locos, llevando antorchas, linternas y músicas. En medio del cortejo va Cuasimodo sobre unas angarillas rodeado de luces y con la cabeza cubierta por una mitra.)

Coro.—Saludad.

¡Saludad todos! Aquí tenéis al papa de los locos.

Claudio Frollo (que al ver á Cuasimodo, se dirige hacia él con ademán colérico).—¡Cuasimodo! ¿Qué significa esta indigna mascarada? ¡Oh profanación! ¡Aquí, Cuasimodo, aquí!

Cuasimodo.—¡Dios mío! ¡Qué oigo!

Claudio Frollo.—Que vengas aquí he dicho.

Cuasimodo (bajando de las angarillas).—Aquí estoy.

Claudio Frollo.—¡Sé anatema!

Cuasimodo.—¡Gran Dios! Es él.