Jeppo.—Tanto como lo estoy de que nos hallamos en el palacio Barbarigo y no en el de Labbia.

Maffio.—¿Hablaba amorosamente con Genaro?

Jeppo.—Sí.

Maffio.—Será preciso librar á mi hermano Genaro de esa araña.

Jeppo.—Avisemos á nuestros amigos.

(Salen.—Durante algunos momentos no aparece nadie en escena; sólo se ven pasar de vez en cuando por el fondo algunas góndolas con música.—Vuelven á entrar Genaro y Lucrecia con antifaz.)

ESCENA V

GENARO y LUCRECIA

Lucrecia.—Este terrado está oscuro y desierto; aquí puedo quitarme la careta, y quiero que veáis mi rostro, Genaro.

(Se descubre.)