Genaro.—¡Sois muy hermosa!
Lucrecia.—¡Mírame bien, Genaro, y dime que no te causo horror!
Genaro.—¡Causarme horror, señora! ¿Y por qué? Muy por el contrario, siento en el fondo del corazón algo que me atrae á vos.
Lucrecia.—¿Crees que podrías amarme, Genaro?
Genaro.—¿Por qué no? Sin embargo, señora, quiero ser franco; siempre habrá una mujer á quien amaré más que á vos.
Lucrecia (sonriendo).—Ya lo sé, la linda Fiametta.
Genaro.—No.
Lucrecia.—¿Pues quién?
Genaro.—Mi madre.
Lucrecia.—¡Tu madre! ¡Oh Genaro mío! ¿La amas mucho?